Autismo y vacunas: imagen de un niño recibiendo vacunas

VACUNAS Y AUTISMO: MITOS Y REALIDADES DE ESTA RELACIÓN CANCEROSA

Last Updated on 4 enero, 2018 by Enoc Sejas

Vacunas y autismo: en los últimos años, la media impresa, radio, televisión e internet han divulgado tasas cada vez más elevada de prevalencia del autismo y otros disturbios relacionados a ella.


Siendo las vacunas y su conservante Timerosal los supuestos culpables de esta epidemia de autismo.

Esas informaciones constan en investigaciones científicas realizadas por los mayores centros académicos de investigación internacional.

Más la prensa solo tomo en cuenta aquella información, cuando grupos de apoyo a la investigación y divulgación del autismo, trajeron aquella temática al público.

Ya en los medios informativos, cualquier descubierta epidemiológica – por muy pequeña que esta sea – tiene efectos inesperados.

Vacunas: una breve historia

En 1796 Edward Jenner estudiaba una enfermedad localizada en las ubres de las vacas y relacionadas con la viruela humana.

Esta patología animal se denominaba Variola vaccina, el termino latín vaccina fue la que dio origen a la palabra vacuna.

Jenner desarrollo su primera vacuna en 1796 y publico dos años después un estudio en el cual probaba que la inoculación de material que extraía de las lesiones de la viruela en humanos producía inmunización contra esta enfermedad.

Casi un siglo después que Jenner diera inicio el estudio de las vacunas, Pasteur, logro inmunizar ovejas contra el ántrax.

Posteriormente este científico francés, desarrollo la primera vacuna contra la rabia en humanos.

El caso de Joseph Meister [12 años] que fue mordido por un perro con rabia se constituye en el primer humano en recibir dicha vacuna y mostrar efectos positivos.

Quedando así demostrado el efecto benéfico de esta vacuna hasta los días de hoy.

La historia también registra que desde las épocas de Jenner y Pasteur no han faltado los detractores de las vacunas.

Estos han comentado diferentes argumentos que van desde estafas de las empresas farmacéuticas, control del estado sobre la población, etc.

Sin embargo, también están las voces de los millones de personas que se han salvado gracias a las vacunas.

A partir de estos momentos históricos y trascendentales la investigación en vacunas ha seguido avanzando en la medida que otras ciencias avanzan: inmunología, genética, microbiología, parasitología, estadística, epidemiología y salud pública.

Vacunas y su relación con el autismo

De acuerdo con el antropólogo R. Grinker – padre de Isabel, una niña autista – y autor del best-seller Unstrange Minds, libro relacionado a sus propias experiencias con el autismo.

Menciona que los movimientos antivacunas han existido desde el siglo XVIII.

Esos movimientos ganaron fuerza en Estados Unidos 1999, cuando el estado de California registro un aumento extraordinario en el número de casos de esa patología cerebral entre 1987 y 1998.

Los rumores en relación con ese aumento de casos de autismo, era que, supuestos agentes causales – como vacunas, envenenamiento por mercurio o exposición a otros agentes ambientales – fuesen responsables por el aumento de esa enfermedad mental.

Muchos padres y parientes de niños autistas, algunos de ellos políticos o figuras públicas influyentes como el diputado Dan Burton, de Indiana, presionaron para que el congreso americano pida a los científicos que se investigue si el Timerosal, un conservante que tiene mercurio y que durante cierto tiempo formo parte de la fórmula de algunas vacunas, podía causar autismo.

La discusión sobre la posibilidad de que el Timerosal esté ligado al autismo fue estimulada por libros como;

  1. Evidence of Harm [Evidencia del daño], de David Kirby,
  2. Por artículos notorios de Robert E. Kennedy Jr., publicados por Salon y la Rolling Stone,
  3. También por historias de Dan Holmsted, publicados en la United Press International.

Este movimiento alcanzo su apogeo cuando un estudio publicado por el doctor Andrew Wakefield el año 1998, daba como conclusión la existencia de una relación entre la vacuna MMR [vacuna contra la Rubeola, Sarampion y Paperas] y el autismo.

Posteriormente el 2009, el doctor Wakefield se retractó públicamente, reconociendo que su investigación no fue realizada de forma científica.

La comunidad médica internacional calificó dicho estudio como un fraude y el Dr. Wakefield fue prohibido de ejercer su profesión en su país natal, Inglaterra.

Observaciónes sobre las vacunas y el autismo

Por otro lado, el Neuropediatra Carlos E. Orellana Ayala, menciona que las vacunas han supuesto un salto tremendo en la salud de la humanidad.

Son una medida de salud preventiva sencilla y barata que han permitido la erradicación de enfermedades como la Viruela y que van en camino de erradicar otras como la Poliomielitis.

Sin embargo, como toda medida innovadora, están sujetas al ataque de sus detractores, ataque que no suele resistir el tiempo y tampoco el escrutinio científico.

También Daniel Comin, director del conocido website Autismo Diario y padre de un niño con autismo, menciona que;

la realidad sobre los tóxicos y las alteraciones del neurodesarrollo se enfocó, equivocadamente, durante muchos años en el compuesto organomercuriado que se usaba como conservante en las vacunas, denominado timerosal.

Esto hizo que muchos países eliminaran este conservante de las vacunas, como una medida preventiva de seguridad pública.

Quince años después de la retirada de este compuesto de las vacunas de uso pediátrico, no se ha observado ninguna variación en la prevalencia del autismo en ninguno de los países que lo eliminaron.

Por tanto, quizá las causas están en otra parte.

Mercurio [Timerosal] y otros metales tóxicos

Nosotros los humanos al igual que otros organismos vivos necesitamos diferentes cantidades de metales pesados [toxicos] para nuestro desarrollo normal.

Pequeñas cantidades de hierro, cobalto, cobre, manganeso, molibdeno, y zinc son requeridas para las funciones esenciales del cuerpo.

También está claro que cantidades excesivas de estos pueden dañar nuestro organismo.

El Dr. Jose Ramon Alonso tiene una definición del punto de vista médico, bastante acertada:

los metales son un tipo de elementos químicos, ampliamente distribuidos en la naturaleza.

Metales son el sodio y el potasio, esenciales para la vida y responsables del funcionamiento del sistema nervioso.

No obstante, pensamos normalmente en otros elementos metálicos como el hierro, esencial para la actividad de la hemoglobina; el zinc, necesario para la producción de la insulina; o el cobre, que interviene en la formación de glóbulos rojos y el mantenimiento de los vasos sanguíneos, nervios, sistema inmunitario y huesos.

Muchos de los metales son esenciales, pero en concentraciones bajas, un exceso de metales puede causar problemas de toxicidad.

Otros metales pesados como mercurio, plutonio, y plomo son metales tóxicos que no tienen un efecto vital para el organismo.

La acumulación natural de estos en el cuerpo de los animales incluyendo los humanos puede causar serias enfermedades, como por ejemplo saturnismo o envenenamiento por mercurio y últimamente se ha relacionado al autismo.

También algunos elementos que son normalmente tóxicos, para algunos organismos, bajo algunas condiciones pueden ser beneficiosos.

Por ejemplo, el vanadio, el wolframio, incluso el cadmio.

Mercurio [Hg], vacunas y autismo

Del conjunto de metales tóxicos, el mercurio, es sin duda, el más dañino para la salud humana.

Vacunas y autismo, imagen de diferentes productos a base de HG
El mercurio es ampliamente usado en la industria, desde un simple lapis labial, hasta productos usados en la agricultura / Acp

Debido a su uso en la industria, este se encuentra en diferentes partes de electrodomésticos, televisión, pilas, lámparas de luz, baterías, etc. El siguiente video es bastante didáctico en esta temática.

En la medicina, este elemento químico, forma diferentes compuestos, siendo el Timerosal, señalado como responsable por un aumento en los casos de Trastorno del Espectro Autista [TEA].

El timerosal es un agente conservante usado desde 1930 en las vacunas para eliminar posibles contaminaciones por hongos y bacterias en las aberturas y manipulación de los frascos multidosis.

Al respecto R. Grinker comenta o siguiente:

El indicio más fuerte de aquellos de aquellos que creen que el timerosal está relacionado al autismo es el hecho de que los indices de prevalencia de varios disturbios del espectro autista [autismo clásico, síndrome de Asperger, s. de Rett] han aumentado dramáticamente en las últimas décadas.

Los argumentos a favor de ese punto de vista se basan principalmente en la suposición de que la actual evidencia epidemiológica sugiere una elevación verdadera en la incidencia del autismo.

Elevación que tuvo inicio con la introducción del timerosal en las vacunas en la década de 1930  y gano fuerza con el aumento de la concentración del timerosal en la recta final de los años 1980, cuando las tasa de prevalencia del autismo realmente aumentaron.

El mismo autor afirma, que actualmente se tiene mayor conciencia sobre esta enfermedad neurológica y que la palabra autismo ahora es bastante inclusiva.

Clasificación del autismo en el DSM-IV [1994]

Recordemos que esta fue descrita por Kanner en 1943, aceptada como tal en 1980 por la Asociación Americana de Psiquiatria e incluida en el Manual Diagnostico y Estadístico de los Trastornos Mentales [DSM] en su tercera edición de ese año.

Posteriormente en la cuarta edición del DSM en 1994, se incluyó el termino Trastornos del Espectro Autista [TEA].

Los TEA, a su vez dividen, están divididos cinco categorías:

  1. El trastorno autista [autismo clásico de Kanner]
  2. Síndrome o trastorno de Asperger [síndrome de Asperger]
  3. Trastorno generalizado del desarrollo no especificado [TGD – NE]
  4. Y el trastorno de Rett [síndrome de Rett]
  5. Trastorno desintegrativo de la infância [CDD, por sus siglas em inglés].

Entonces – prosigue Grinker – este trastorno de ser una patología desconocida y frecuentemente clasificada como esquizofrenia infantil hasta 1943.

Paso a ser ampliamente conocida, luego con los trabajos de Hans Asperger [síndrome de Asperger, 1944] y publicados por Lorna Wing en 1981, se validó la idea de que el autismo es un espectro.

Este análisis explica en gran parte el porqué del aumento de los casos de autismo, estos se deberían más a los nuevos conceptos de la ciencia en relación a esa patología y no al timerosal contenido en las vacunas.

Informe de la OMS, sobre las vacunas y autismo

En lo relacionado a este tópico la Organización Mundial de la Salud [OMS], a través del Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas, afirma que:

  1. En la actualidad no hay evidencia de toxicidad derivada del mercurio que contienen las vacunas.
  2. Son pocas las alternativas a las vacunas que contienen tiomersal cuya eficacia e inocuidad haya sido comprobada experimentalmente.
  3. La capacidad de producción actual de estas vacunas es limitada e insuficiente para cubrir las necesidades mundiales.

En el mismo informe indica que el timerosal, también conocido como tiomersal, mercuriotiolato y 2-[etilmercuriotio] benzoato de sodio, es un compuesto que contiene mercurio utilizado para impedir la proliferación de bacterias y hongos durante el almacenamiento y, sobre todo, durante el uso de viales multidosis abiertas de ciertas vacunas.

También afirma que muchas vacunas autorizadas para la comercialización no contienen tiomersal.

Entre ellas se encuentran las vacunas en formas de presentación monodosis o las vacunas cuya eficacia podría verse afectada por el tiomersal, como las vacunas elaboradas con microbios vivos, incluidas la vacuna MMR, la vacuna antipoliomielítica oral e inactivada, la vacuna antiamarílica y la vacuna BCG.

No obstante, cuando se presentan en formato multidosis, estas vacunas deben desecharse tras su uso.

Otras vacunas pueden contener cantidades ínfimas de tiomersal [<0,5 µg por dosis] si se ha utilizado el conservante en el proceso de fabricación, pero no se ha añadido al producto final.

Un tercer grupo de vacunas contienen tiomersal en concentraciones variables [de 10 a 50 µg por dosis] añadido como conservante para evitar la contaminación por microorganismos cuando se formulan en viales multidosis.

Pertenecen a este grupo la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tosferina [DTP], la vacuna antidiftérica y antitetánica [DT], la vacuna antitetánica [TT], y las vacunas contra la hepatitis B, contra Haemophilus influenzae tipo b [Hib] y contra la gripe.

Consideraciónes finales

Mientras se ha gastado tiempo y dinero culpando a las vacunas sobre los casos de autismo y, por otro lado, basado en los múltiples estudios que aparentemente eximen a las vacunas de ser causantes de los trastornos neurológicos del TEA.

Es bueno reflexionar y ver que estamos rodeados de múltiples productos, en nuestra vida diaria, que tienen en su composición mercurio.

Por ejemplo, lámparas de luz, basura electrónica, residuos industriales, agrotoxicos, productos de belleza, conservantes alimenticios, etc.

los cuales directa o indirectamente pasan a contaminar los diferentes eslabones de la cadena trófica e invariablemente llegan a nosotros los humanos que estamos en la cúspide de la pirámide alimenticia.

Basado en este enfoque y teniendo a los agroquímicos como principales sospechosos de influir en el aumento de los casos de diferentes trastornos del espectro autista.

Actualmente está en ejecución el proyecto TENDR [Targeting Environmental Neuro-Developmental Risk] el cual está constituido por un grupo extenso de científicos reunidos en 2015 para llevar adelante este ambicioso proyecto.

Solo queda esperar resultados que ayuden a esclarecer los mecanismos de acción de estas patologías cerebrales, sus agentes causales y así la medicina pueda encontrar solución a estos problemas que afectan la salud humana.

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Referencias

R.R. Grinker. Autismo, um mundo obscuro e conturbado. 2010.

Instituto Nacional de la Salud Mental. Guia para padres sobre el Trastorno del Espectro Autista.2013.

Wikipedia. Metal pesado. https://es.wikipedia.org/wiki/Metal_pesado. Accesado 30/09/2017.

Daniel Comin, «Tóxicos y alteraciones en el neurodesarrollo infantil», en Autismo Diario. Accesado, 14 octubre de 2017.

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