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Desde Kanner hasta Kennedy Jr., un recorrido por las ideas, debates y preguntas que han marcado la historia del autismo. La búsqueda de respuestas continúa.
¿Qué causa el autismo?
El autismo ha sido objeto de múltiples teorías, investigaciones y controversias desde su primera descripción en 1943.
Por otro lado, el pasado mes de abril de 2025, el Secretario de Salud de EE.UU., Robert F. Kennedy Jr., prometió revelar en septiembre las causas del autismo. Sin embargo, al llegar el mes esperado, el informe aún no ha sido publicado.
¿Qué sabemos realmente? ¿Qué se ha dicho a lo largo de los años? Aquí te lo explicamos, desde Kanner en 1943, hasta Robert F, Kennedey jr. en 2025.

El médico austriaco Kanner describe por primera vez el autismo en su afamado artículo “Disturbios Autistas de Contacto Afectivo”
En dicha publicación define el autismo como una condición neurológica distinta, el indica que los niños nacen con esa condición no la adquieren después de haber nacido.
Antes de esa descripción y hasta su reconocimiento como un trastorno mental en 1980 el autismo era considerado un síntoma de la esquizofrenia.

Después de 37 años de su descripción y muchos reclamos el autismo finalmente es oficialmente reconocida como “Trastorno Autista Infantil” por la Asociación Americana de Psiquiatría (AAP) e incluida como tal en la tercera edición del Manual Diagnostico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM -III).
Con este reconocimiento el autismo deja de ser considerado un síntoma de la esquizofrenia.

En ese período de tiempo Bruno Bettelheim, psicólogo, sobreviviente del holocausto de la segunda guerra mundial publica su libro “La fortaleza Vacía” en ella afirma que las madres frías causan el autismo de sus hijos. Basado en eso construye su “Clínica Ontogenética” donde promete cuidar y sanar a los niños autistas.
Aquella teoría fue totalmente desacreditada, pero causó un tremendo daño emocional a muchas familias.

En 1998 el medico ingles A. Wakefield publica un estudio en el cual vincula la vacuna triple vírica (MMR) con el autismo. El afirmo que las vacunas causan autismo.
Posteriormente dicho estudio fue retirado por fraude y Wakefield perdió su licencia médica en el Reino Unido. Actualmente ejerce su profesión en los Estados Unidos y fue un estrecho colaborador del presidente D. Trump en su afán de probar que las vacunas causan autismo.
A pesar de dicho estudio ser desacreditado y retirado de la internet por la revista Lancet, el mito aún persiste en las diferentes redes sociales y medios.

El día 9 de febrero de 2005 D. Burton Congresista estadounidense por el estado de Indiana quien tiene un nieto autista, dijo lo siguiente frente al congreso estadounidense:
Por lo menos 50% del conservante timerosal es etil-mercurio. A medida que nuestros niños comenzaron a recibir mas vacunas, actualmente mas de 30 antes de iniciar la primaria, la incidencia de disturbios neurológicos, autismo y otros problemas mentales infantiles creció dramáticamente. Antes, de acuerdo con los Centro de Control de Enfermedades (CDC), uno en cada 10 mil niños era autista. Actualmente ese numero creció para 150. No hay duda de que estamos frente a una epidemia de autismo.
Si bien se organizaron los padres y realizaron reclamos formales ante el gobierno norteamericano, no se llegó a comprobar que las vacunas están tras el autismo.

Después de dejar de culpar a las vacunas, el mundo científico giro su visión a causas ambientales con foco especial en los agroquímicos usados en la agricultura, como causantes de los casos de autismo.
Esta iniciativa científica para identificar factores ambientales que afectan el neurodesarrollo tuvo alcance mundial y fue denominado Targeting Environmental Neuro-Developmental Risk (TENDR)
Desgraciadamente este proyecto quedo inconcluso y sin resultados definitivos.

D. Trump, antes y durante su primer mandato afirmo públicamente que las vacunas podrían causar autismo.
Para probar la conexión entre el autismo y las vacunas se creó un equipo de científicos que incluía al mismísimo Andre Wakefield y liderados por Robert F. Kennedy Jr. Un fehaciente activista antivacunas. El resultado fue inconcluso, no llegaron a nada ya que el equipo se deshizo antes de iniciar dichas investigaciones.
En este su segundo mandato, Trump afirma que “alguna toxina ambiental” podría estar detrás del aumento de casos. Argumento lo siguiente:
Antes solo 1 de cada 10.000 niños tenía autismo. Ahora las cifras dicen que es 1 de cada 31. Es algo horrible. Tiene que haber algo artificial que lo esté provocando
Cabe hacer notar que no se han presentado estudios formales que respalden esta afirmación. Sin embargo, cualquier investigación para esclarecer el aumento de los casos de autismo es bienvenida.
El flamante Secretario de Salud dijo en abril que en septiembre se revelaría “qué causa el autismo”. Sus palabras fueron:
Hemos lanzado un esfuerzo masivo de investigación con cientos de científicos en todo el mundo. Para septiembre, sabremos qué ha causado esta epidemia de autismo y podremos eliminar esas exposiciones.
A principios de septiembre de 2025, el Congreso de Estados Unidos citó al Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., para responder sobre el manejo del sistema de salud nacional. En el centro del debate estuvo su postura crítica sobre las vacunas, sus propuestas de reforma y, especialmente, la promesa que hizo en abril: revelar en septiembre las causas del autismo.
En resumen, la comparecencia de RFK Jr. ante el Congreso no solo fue un momento político relevante, sino también un punto de inflexión en el debate sobre el autismo. La falta de resultados concretos, el tono confrontativo y la ausencia del informe prometido han dejado a muchos con más preguntas que respuestas. Y mientras el mundo espera, el tema sigue siendo objeto de controversia, esperanza y profunda necesidad de claridad científica.
El 21 de septiembre de 2025, el presidente Donald Trump y el Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., realizaron una transmisión oficial sobre el autismo. En ella, Kennedy Jr. sugirió que el uso de paracetamol (acetaminofén) durante el embarazo podría estar vinculado al aumento de casos de autismo.
Trump respaldó públicamente la iniciativa, calificando el aumento de diagnósticos como “una tragedia nacional” y afirmando que “algo artificial está causando esto”. Ambos prometieron impulsar investigaciones independientes, libres de presiones farmacéuticas, para esclarecer el rol de posibles toxinas ambientales y medicamentos comunes como el paracetamol.
Este anuncio marca un giro en el discurso oficial, alejándose del foco exclusivo en vacunas y abriendo espacio para nuevas hipótesis que, aunque polémicas, podrían estimular estudios más éticos y transparentes.
Actualmente el mundo científico indica que el autismo tiene origen multifactorial: genética, neurodesarrollo y posibles influencias ambientales.
A la fecha no existe evidencia científica en el mundo que relacione fehacientemente las vacunas con el autismo.
En relación al aumento de los casos de autismo los científicos indican que:
Mayor conciencia social. Esto lleva a que los padres lleven sin temor a sus niños a centros especializados en busca de ayuda médica.
Mejoras en la detección. Lo cual hacen que se detecten más casos de autismo o en su defecto se descarten otros trastornos que pudiesen estar camuflados con el TEA.
Cambios en los criterios médicos. En años pasados bajo el termino autismo se contemplaban otros trastornos como el síndrome de rett y síndrome de Asperger lo cual influyo en el aumento de los casos de autismo.
La evidencia señala un origen multifactorial: factores genéticos, procesos atípicos de neurodesarrollo y posibles exposiciones ambientales sin conexión comprobada con vacunas.
El riesgo genético proviene de variaciones heredadas de ambos progenitores; no hay un único “gen del autismo” sino múltiples genes que interactúan.
Factores como infecciones, nutrición materna o exposición a ciertas sustancias se investigan, pero ningún estudio ha confirmado un agente único culpable.
Los varones tienen aproximadamente cuatro veces más probabilidad de diagnóstico que las niñas; además, antecedentes familiares aumentan el riesgo.
Cientos de estudios revisados por pares han descartado vínculo causal entre vacunas y TEA; la hipótesis carece de respaldo científico.
El incremento refleja mejor detección, cambios en criterios diagnósticos y mayor conciencia social, no una “epidemia” nueva de casos.
El informe prometido para septiembre aún no se ha publicado y está en revisión ante el Congreso de EE. UU.
Mientras esperamos el informe oficial que RFK Jr. prometió, seguimos apostando por la investigación rigurosa y el diálogo informado. La historia del autismo muestra cómo teorías infundadas pueden causar daño, pero también cómo la ciencia avanza corrigiendo errores y ampliando el conocimiento.
Lo que las familias TEA necesitan hoy es:
El camino hacia la comprensión del autismo continúa. Cada nuevo estudio suma luces y sombras, y solo con rigor y empatía alcanzaremos respuestas que impulsen un futuro más inclusivo.